Samer Soufi
Sólo la ciencia nos ayuda a
entendernos a nosotros mismos

BLOG DE SAMER SOUFI


Mon 08 de Jun de 2015

Por qué las organizaciones deben cuidar físicamente el cerebro de sus empleados


El capital humano representa con frecuencia el mayor gasto para las organizaciones y también su principal fuente de generación de ingresos. En este sentido, son cada vez más las organizaciones que tienen en cuenta la dimensión física y biológica de sus empleados como una parte de su estrategia integral de gestión de recursos humanos.

Las organizaciones que ponen en marcha programas de salud corporativa actúan de forma coherente con lo que señalan numerosos estudios científicos y es que el bienestar físico y emocional de los empleados es uno de los indicadores clave del desempeño y la productividad laboral.

Y es lógico que sea así, porque como ahora sabemos, las personas conforman una unidad orgánica funcional en la que todos sus sistemas, inmune, endocrino y nervioso, están estrechamente interrelacionados, compartiendo en algunos casos los mismos agentes transmisores y los mismos receptores.

En otras palabras, la vieja discusión acerca de si la salud física influye sobre las funciones mentales o si éstas influyen sobre la salud está en la actualidad completamente fuera de lugar. Existen pruebas científicas abrumadoras que demuestran la total interconexión entre los diferentes sistemas que integran el organismo humano, de modo que un desequilibrio en cualquiera de sus partes se transmite e influye de manera inmediata en las demás partes de este sistema.

Por eso, todos los elementos asociados a un estilo de vida saludable de los empleados, y en especial los hábitos relacionados con la alimentación, el ejercicio físico y el sueño, redundarán inevitablemente en su estado emocional y sus capacidades mentales, y por ende en su desempeño y productividad laboral. Veamos cada uno de estos elementos.

 

Alimentación

La elección de lo que comemos o dejamos de comer cada día puede tener consecuencias sobre la capacidad de resistencia de nuestro organismo a las enfermedades y lesiones, pero también sobre la actividad de nuestro cerebro y su nivel de funcionamiento óptimo.

Existen muchos factores que explican la relación causa-efecto entre la comida y nuestros estados anímicos y condiciones mentales, aunque muchas veces no seamos conscientes de esta relación causa-efecto.

Una de las razones fundamentales de esta vinculación radica en que el cerebro fabrica los neurotransmisores, que son los que determinan nuestras emociones y estados de ánimo, directamente a partir de los nutrientes que nos aporta nuestra alimentación diaria.

Como sabemos, las células del cerebro se comunican entre sí a través de los neurotransmisores, y los neurotransmisores se construyen con aminoácidos que contienen las proteínas de los alimentos que tomamos. Cuando la dieta es inadecuada, se pueden producir problemas para la elaboración de algunos neurotransmisores y, por lo tanto, eso puede afectar a los procesos cognitivos y a los estados anímicos.

Igualmente, determinados alimentos pueden producirnos reacciones alérgicas o afectarnos negativamente, causándonos algún grado de intoxicación, como puede suceder con los agentes químicos utilizados en los procesos de elaboración de los alimentos. Estas intoxicaciones conforman un factor de estrés que induce el incremento de la hormona cortisol, lo cual a su vez desencadena toda una serie de reacciones que acabarán teniendo su traslación al campo emocional.

También la deficiencia de ciertas enzimas, minerales o vitaminas puede afectar a nuestra salud física y a nuestra salud mental, provocando sensaciones de falta de energía, cansancio y mal humor.

Otras veces, los alimentos que tomamos contienen sustancias estimulantes que afectan al cerebro y al funcionamiento de nuestras glándulas suprarrenales, estimulando que produzcan adrenalina y noradrenalina. Sin embargo, su consumo frecuente puede producir ansiedad, irritabilidad, nerviosismo e insomnio.

También son bien conocidas las disfunciones que puede provocar en el cerebro una dieta que integre de un modo persistente comidas altas en grasa y con un elevado contenido en azúcar. Las fluctuaciones en el nivel de azúcar en la sangre, que se ven afectadas por lo que comemos, están directamente asociadas a cambios en el estado de ánimo y en la capacidad de atención y concentración.

En definitiva, nuestra alimentación afecta directamente a nuestro cerebro, y sólo una alimentación adecuada permitirá un adecuado ejercicio de las funciones cognitivas, unas capacidades apropiadas de la memoria y el aprendizaje, una buena agudeza mental y un estado emocional positivo y estable.

 

Ejercicio

Aunque son generalmente conocidos los beneficios que la actividad física produce en el organismo, no lo son tanto las ventajas que confieren al cerebro. El cerebro requiere ser físicamente cuidado. El sedentarismo disminuye la agudeza mental, no sólo debido al menor flujo sanguíneo hacia el cerebro, sino también por otras razones bioquímicas. En cambio, el ejercicio físico induce al cuerpo a producir una gama de sustancias químicas que mejoran el funcionamiento del cerebro y le predisponen a experimentar emociones positivas en vez de verse arrastrado a emociones negativas.

Las investigaciones sugieren además que el ejercicio físico no solo protege al cerebro de sufrir daños por causas como el estrés crónico o los declives cognitivos propios del avance de la edad, sino que también le ayuda a funcionar en su nivel óptimo.

Son muy numerosos los estudios que apoyan estas evidencias demostrando además que el ejercicio físico es capaz de modificar la estructura del cerebro, aumentando la densidad de las conexiones sinápticas y mejorando así las capacidades de memorización, aprendizaje, abstracción, razonamiento, juicio y otras funciones relacionadas con la inteligencia, además de conseguir una mejora muy notable en su autoestima y el bienestar.

Se han realizado algunas investigaciones para determinar los mecanismos mediante los cuales el ejercicio físico es capaz de incrementar el rendimiento de las funciones mentales superiores,  a la vez que proporciona una reducción de los niveles de tensión, ansiedad y depresión de las personas que hacen ejercicios en relación a las personas sedentarias.

En un principio se creía que estos beneficios derivaban simplemente de los efectos del ejercicio sobre la mejora de la salud física general, y también de los efectos psicológicos que el ejercicio puede producir mejorando el nivel de autoestima y confianza de las personas que lo practican al mejorar su aspecto físico. Pero en la actualidad se sabe que, aun siendo éstos aspectos importantes, el ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro que no se pueden explicar exclusivamente por las ventajas de mejorar el aspecto físico y la salud general del cuerpo, sino que intervienen otros mecanismos diferentes.

Uno de estos mecanismos está relacionado con el incremento que el ejercicio físico produce sobre los llamados factores de crecimiento o “factores tróficos”. Estos factores regulan el crecimiento y mantenimiento de los tejidos y órganos, incluyendo el desarrollo de las células nerviosas del cerebro. Producen en el cerebro un efecto parecido al que provocan los fertilizantes en las plantas, es decir, hacen crecer y desarrollarse las neuronas.

Significativamente, las investigaciones han demostrado que los efectos beneficiosos para el cerebro sólo se producen a partir del ejercicio voluntariamente llevado a cabo, pero no cuando es una actividad física impuesta.

Por ejemplo, las labores domésticas, como fregar suelos o hacer camas, aunque implican una actividad física notable, no parecen mejorar la salud, ni incrementan el bienestar, ni potenciar la memoria y el aprendizaje. Ni siquiera parecen ayudar a perder peso, en contraposición a la práctica deportiva lúdica. Los investigadores piensan que probablemente realizar una actividad física no deseada genera un estrés que anula los demás beneficios de la propia actividad física. No cabe duda de que mente y cuerpo están estrecha e inseparablemente conectados. Y todos podemos potenciar nuestros podemos mentales superiores practicando de forma voluntaria actividad física gratificante.

 

Sueño

La tercera parte que invertimos en dormir tiene una enorme influencia sobre la calidad de vida de las otras dos terceras partes que pasamos en vigilia. Condiciona nuestros niveles de energía, nuestros estados de ánimo, nuestra creatividad, nuestra agudeza mental, nuestra memoria, nuestra productividad laboral.

Dormir bien es uno de los métodos más efectivos para elevar nuestro nivel de vigor, energía y bienestar. En cambio, existe una amplia documentación que sugiere que la reducción de las horas dedicadas al sueño genera una variedad de problemas relacionados con las capacidades no sólo físicas, sino también intelectuales de las personas.

Se cree que estos efectos podrían estar relacionados con los problemas que la falta de sueño provoca en los procesos de generación de nuevas neuronas y conexiones sinápticas. Este proceso es fundamental para los procesos de mantenimiento y regeneración natural del cerebro y para la realización de tareas como la consolidación del aprendizaje.

Cuando aprendemos, se produce un cambio físico a nivel sináptico en las neuronas de nuestro cerebro. En un primer momento, interviene la región cerebral del hipocampo para fabricar los recuerdos. Pero después, esta información se transfiere a otras partes del cerebro para su almacenamiento definitivo a largo plazo. Esta actividad implica un traslado físico de proteínas de unas a otras partes del cerebro. De alguna forma es como si se cambiase de sitio lo aprendido para almacenarlo en una zona más segura y accesible.

Este proceso, en el cual el cerebro procesa la información diaria y almacena los recuerdos en los anaqueles de la memoria, tiene lugar fundamentalmente durante las fases de sueño REM. Los sueños, que tienen lugar durante la fase REM, constituyen el principal mecanismo que utiliza el cerebro para llevar a cabo la reordenación neuronal que tiene que ver con el aprendizaje.

También se cree que el sueño cumple una función en la eliminación de la información sobrante que no se grabará en la memoria a largo plazo y que será borrada para siempre a fin de evitar un colapso del sistema de almacenamiento cerebral.

En definitiva, durante el sueño se produce una cierta reordenación de la información que guardamos en nuestro cerebro, fortaleciéndose las asociaciones relevantes y debilitándose las asociaciones irrelevantes, mejorándose de este modo el acceso a los recuerdos.

 

No cabe duda de que la salud integral de la empresa y sus trabajadores es una condición necesaria para aumentar la productividad, el bienestar y el compromiso de todos los integrantes de la organización. Las organizaciones más eficaces toman en cuenta este hecho para centrar sus inversiones no tanto en solucionar los problemas que se derivan de la mala salud física y emocional de sus empleados, sino en prevenir estos problemas llevando a cabo programas adecuados de salud corporativa, ofreciéndoles entrenamiento y soporte para su cuidado físico y emocional, animándoles a realizar ejercicio físico y llevando a cabo iniciativas que les ayuden a mantener un buen balance nutricional y un estilo de vida saludable.

 

Mon 08 de Jun de 2015

Neurociencia y gestión del cambio organizacional


Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las organizaciones es cómo prosperar cuando se enfrentan a un entorno ambiguo de cambio constante y acelerado, como el que nos encontramos actualmente. El estudio de la neurociencia puede proporcionar una profunda comprensión de por qué la gente encuentra tan inquietante cambiar y ofrece igualmente pistas valiosas sobre qué se puede hacer para impulsar el cambio.

Una primera lección que nos brinda la neurología es que los hábitos establecidos resultan siempre difíciles de cambiar, no importa lo justificados o razonables que sean. Y lo son porque el cambio implica abandonar las rutinas que las personas ya habían conseguido establecer y volver a tener que realizar un esfuerzo de atención consciente para desempeñar las nuevas tareas. Y eso requiere más atención, esfuerzo y consumo de energía.

Al intentar cambiar o suprimir un hábito, se produce lo que en psicología se llama “percepción de error” del entorno, que es la reacción de frustración que experimentamos cuando no se cumplen las expectativas respecto a lo que creemos que va a suceder. Las personas estamos continuamente anticipando lo que va a suceder y actuando en consecuencia, pero si nuestra anticipación resulta equivocada, experimentamos una sensación de error y desasosiego. Por ejemplo, si apretamos el botón de mando de la televisión, esperamos que el aparato se encienda, pero si esto no sucede, nos sentimos frustrados y desconcertados porque se ha producido un error o divergencia de la realidad respecto a nuestras expectativas previas. Estos errores causan una gran activación cerebral, en especial en las áreas cerebrales más estrechamente conectadas con la amígdala, sede del miedo y de las emociones.

Y eso es lo que sucede cuando se intenta que las personas realicen cambios en sus formas habituales de conducta o pensamiento. Su cerebro detecta estos errores o divergencias respecto a las expectativas creadas por la experiencia pasada y se activan estas zonas emocionales, que producen una sensación de malestar psicológico, a la vez que detraen energía de la zona de la corteza prefrontal, reduciendo sus capacidades intelectuales superiores.

Así que el primer y más importante paso que deben llevar a cabo los líderes que quieran promover un cambio importante en sus organizaciones es tratar de obtener la atención centrada de las personas a quienes dirigen. La mayoría de la gente sólo tiene capacidad mental para centrarse profundamente en una sola tarea a la vez. Por lo tanto, es imperativo que los líderes encuentren maneras de conseguir que los empleados salgan por un instante de sus rutinas diarias -por ejemplo, convocando una reunión fuera de las oficinas, sin ordenadores ni otras distracciones - para animarles a centrarse en la información que les presentan. Lo más importante es la calidad y cantidad de atención que prestan a las nuevas ideas.

Una vez que los líderes han conseguido crear un entorno que les permita obtener la atención centrada y completa de los empleados, el segundo paso es crear una visión convincente de lo que ocurrirá cuando sus nuevas ideas se apliquen. Los científicos cognitivos han descubierto que las expectativas y actitudes de la gente, sus mapas mentales, juegan un papel central en su percepción del mundo que los rodea. Para facilitar el cambio, los líderes deben alentar momentos de comprensión que permitan a la gente cambiar sus actitudes y expectativas. Estos momentos de vital importancia pueden ocurrir en programas de formación o en otros eventos donde se presenta la nueva información.

Durante esos instantes, el cerebro de las personas desarrollará un conjunto complejo de nuevas conexiones neuronales que pueden ayudar a sus cerebros a mejorar sus recursos mentales y vencer su resistencia al cambio.

Pero los líderes deben encontrar maneras de continuar manteniendo la atención de las personas centrada en el cambio, porque no es suficiente con introducir una visión una sola vez y esperar que los demás la interioricen sin más. Mantener a un grupo de personas focalizadas en un proceso de cambio importante requiere traer a su conciencia dicho cambio de forma regular - no una vez al mes o una vez a la semana, sino al principio todos los días- de modo que con el tiempo la nueva visión se convierta en un filtro a través del cual actúan y toman cada una de sus decisiones.

La atención constantemente centrada en una experiencia mental específica mantiene la circuitería del cerebro viva y en acción lo cual, con el tiempo, conduce a cambios físicos en la estructura del cerebro. En otras palabras, las personas que se dedican a unas tareas específicas pueden literalmente transformar sus cerebros para aprender por sí mismos a pensar de manera diferente con el tiempo.

Casi siempre en este proceso será necesario también el concurso de las emociones para generar la necesaria motivación para el cambio, porque el entendimiento intelectual raramente es suficiente. El lado emocional es necesario porque las emociones conforman el software motivacional de la mente.

Sin embargo, la neurociencia nos enseña que no resulta indiferente apelar a las emociones positivas que hacerlo a las emociones negativas, y que el uso de amenazas para implementar el cambio organizacional raramente es sostenible.

Siempre que nuestro cerebro crea hallarse ante una amenaza, excitará la amígdala cerebral, sede de emociones negativas como el miedo y la ira. La saturación hormonal de adrenalina y cortisol asociada a las situaciones de estrés, entorpecerá el funcionamiento del hipocampo y otras áreas cerebrales que intervienen en el procesamiento cognitivo, y producirá una atenuación de las capacidades emanadas de la corteza superior cerebral, dificultando así la capacidad para aprender conceptos complejos o para desarrollar soluciones nuevas y creativas.

En estas situaciones, como han demostrado numerosos experimentos, las personas sometidas a emociones negativas tienden a estrechar el ámbito de sus pensamientos y conductas posibles y su capacidad de tomar decisiones acertadas. Cuando las personas se encuentran dominadas por la ansiedad, el miedo o el estrés, su cerebro interpreta –en base a esquemas inconscientes de origen prehistórico- que no hay tiempo para ser creativos, sino sólo para aplicar de forma inmediata unas pocas recetas ya conocidas, como luchar o huir. En general, siempre que el cerebro esté estresado, agotado o dominado por emociones negativas como el miedo o la ansiedad las personas tenderán a tomar peores decisiones.

Pero si el cerebro interpreta que la situación se encuentra bajo control y que se encuentra ante una posible oportunidad más que una amenaza, entonces activará emociones positivas como la confianza, la alegría y el optimismo. Estas emociones estimularán a las personas a aumentar su esfuerzo y a asumir mayores riesgos ante unas perspectivas que parecen favorables.

Así que las organizaciones que deseen propiciar procesos de cambio, deben tratar de generar un clima que promueva las emociones positivas, pues eso incrementará la capacidad de sus empleados para resolver los problemas de un modo más creativo y global, en vez de enfocarse en las soluciones ya conocidas o en los detalles superfluos. Sólo cuando las personas consiguen liberarse del temor, se vuelen creativas e innovadoras y pueden aplicar las soluciones más inteligentes a los problemas a los que se enfrentan.

Mon 25 de May de 2015

Cómo impulsar la innovación en las organizaciones


Actualmente, el talento innovador es el aspecto más valioso y a menudo desaprovechado de las organizaciones. Numerosas investigaciones han demostrado además que existe una correlación estadística entre los comportamientos  innovadores de la organización y sus resultados financieros. Cuanto más alto puntúan las empresas en estos comportamientos empresariales, mejores son sus resultados financieros.

Pero la innovación no es algo exclusivamente vinculado a un departamento concreto, se trata de una actitud que debe impregnar a la cultura de toda la organización.

La cultura de empresas altamente innovadoras sugiere que el principal motor del cambio de mentalidades va asociado a la forma de dirigir y una pieza clave es la actuación de los principales responsables de la empresa. El comportamiento de los altos ejecutivos para estimular los procesos de innovación incide de forma directa en la percepción de los colaboradores de los valores y creencias que se esperan de ellos, y de esta forma conforma el grado en que la cultura es más o menos favorable a la innovación.

De modo que desarrollar la capacidad de innovar de una organización requiere un cambio de paradigma, que afecta tanto a la forma de dirigir sus líderes como a la forma de actuar de la gente. Actualmente, las empresas no requieren sólo de líderes clarividentes que puedan marcar el camino de la empresa, necesitan también líderes que articulen espacios en red y que impulsen, mediante conversaciones, la inteligencia colectiva de la organización para que todos y cada uno de los empleados sean líderes del cambio y de la innovación.

Los directivos capaces de impulsar a la organización a la obtención de los máximos resultados en un clima, estimulante e inspirador que favorece la innovación suelen tener una serie de características comunes, que pueden potenciarse y entrenarse:

  • Están dispuestos a salir de su área de confort para hacer posible la innovación.
  • Tienen una clara orientación a superar retos, que además tienen un claro sentido para los colaboradores.
  • Son capaces de aglutinar los esfuerzos de la organización alrededor de ideales que comportan una contribución social y que, a su vez, animan a la gente a aportar.
  • Comparten valores que favorecen la experimentación y el aprendizaje.
  • Muestran una voluntad clara de explorar nuevas formas de actuar, aceptando formas de pensamiento y soluciones no convencionales.
  • Aceptan un cierto grado de incertidumbre y, como consecuencia, son tolerantes al error bien intencionado.
  • Fomentan entre sus colaboradores la apertura al exterior y la habilidad de mantener una observación activa y llegar a identificar oportunidades de negocio.
  • Muestran una mente abierta y están dispuestos a buscar, de forma proactiva distintas alternativas de avance.
  • Tienen confianza en sí mismos y dan también muestras claras de confiar en el trabajo de los emprendedores internos.
  • Encaran la adversidad con coraje y valentía. Son persistentes y pueden mostrar su apoyo a una iniciativa a pesar de unos primeros resultados desalentadores.

Pero, para aprovechar la capacidad creativa y de innovación de las personas, no basta con la inteligencia de los directivos. Se necesita la inteligencia colectiva de toda la organización ya que la innovación es mucho más una “cuestión de personas” que un problema técnico o de diseño. La creatividad puede ser aprendida, practicada y desarrollada utilizando técnicas probadas y experimentadas que estimulan las capacidad creativa y ayudan las personas a salir de sus estilos habituales de interpretación de la realidad. De esta forma, las personas amplían su visión de las alternativas posibles y mejoran la productividad y calidad del trabajo.

En especial, las nuevas herramientas y la nueva cultura 2.0 están dando lugar a una nueva economía donde las organizaciones pueden activar poderosos procesos participativos de generación de conocimiento, aprovechando que la inteligencia colectiva se incrementa en la medida en que se articulen los sistemas de conexión y colaboración  adecuados.

Para llevar a cabo este propósito, se requiere lanzar iniciativas que ayuden a activar el poder transformador de la tecnología actual, liberando el potencial latente en todos los empleados. Se trata en definitiva de implementar una palanca para la innovación, adaptada al nuevo entorno, y capaz de generar lazos fuertes, conexiones numerosas y elevada densidad de tráfico, que impulsen los procesos de innovación abierta.

Sat 02 de May de 2015

El misterioso caso de los logaritmos neperianos


Suelo impartir un taller de formación para formadores internos de grandes organizaciones, que se adentra en los principios científicos del aprendizaje. Una de las dinámicas que llevamos a cabo en este taller consiste en pedir a los participantes, que son todos formadores profesionales, que intenten enseñar a sus compañeros diferentes tipos de materiales que les proporciono. Uno de estos materiales consiste en una breve texto de apenas 2 o 3 párrafos que explica qué son los logaritmos neperianos y expone algunos ejemplos.

Tras darles un tiempo para que analicen y estudien el texto, las pobres víctimas que son elegidas para realizar este ejercicio salen a la pizarra con el horror reflejado en su rostro, e intentan con sus mejores artes enseñar a sus compañeros el material que les he proporcionado. El resultado suele ser invariablemente un fiasco: nadie consigue aprender nada.

La explicación a este misterioso caso de los logaritmos neperianos es muy simple: el “profesor” no es capaz de entender de un modo profundo el concepto del logaritmo neperiano, y por tanto no es capaz tampoco de conseguir que sus compañeros lo entiendan y recuerden.

Sin embargo, todos hemos pasado por la escuela y hemos estudiado los logaritmos neperianos. Y también las derivadas, las integrales, las variables trigonométricas… Dedicamos muchas horas a lo largo de varios años a estudiar estas funciones matemáticas y practicamos resolviendo cientos de ejercicios, que en algunos casos podían llegar a alcanzar niveles de complejidad bastante elevados. Memorizamos las definiciones de estos conceptos y aprendimos los trucos necesarios para resolver estos problemas. Con esto nos llegó para aprobar el siguiente examen que teníamos a la vuelta de la esquina… e inmediatamente después nos sobrevino lo que el investigador docente Roger Schank llama “amnesia post-evaluación”.

Aunque el término “amnesia” quizás no sea el más apropiado porque, en realidad, aunque dedicásemos cientos de horas a estudiar estas materias, nunca las llegamos a aprender de verdad, porque nunca las entendimos de un modo profundo. Me temo que en muchos casos puede que ni siquiera nuestros profesores las llegasen a entender de esta forma.

Lo cierto es que nuestro cerebro construye el conocimiento y guarda la información básicamente en términos de significado y de esquemas mentales. Recordamos y rememoramos las cosas a través de esquemas, utilizándolos para codificar nuestros recuerdos. Y son los esquemas los que nos permiten aprender, relacionando los nuevos conocimientos con los conocimientos que ya teníamos.

El nuevo aprendizaje se construye siempre sobre lo previamente aprendido y experimentado, por lo que la capacidad de aprender varía de acuerdo al historial pasado de cada individuo. No podemos adquirir nuevos conocimientos a menos que seamos capaces de asociarlos o integrarlos con el conocimiento previo que ya teníamos.

Si conseguimos establecer relaciones sustantivas y no arbitrarias entre el nuevo material de aprendizaje y nuestros conocimientos previos, es decir, si lo integramos en nuestros esquemas mentales previos, entonces seremos capaces de atribuirle significado, de construir una representación o modelo mental del mismo y, en consecuencia, habremos llevado a cabo un aprendizaje significativo. Sólo entonces podremos recordarlo.

La ciencia actual nos brinda valiosas enseñanzas sobre el modo en que se produce el aprendizaje, y una de las lecciones fundamentales es que la mayor parte de lo que almacenamos en nuestra memoria se guarda en términos de significado. Mientras estas enseñanzas sigan siendo masivamente ignoradas por los sistemas educativos, el resultado será que millones de personas seguirán malgastando su tiempo y recursos utilizando metodologías de aprendizaje ineficientes. Y continuaremos asistiendo a muchos más misteriosos casos de logaritmos neperianos...

Thu 30 de Apr de 2015

Por qué fracasan las metodologías de enseñanza del inglés


La necesidad de hablar la lengua inglesa es una demanda creciente en todos los ámbitos profesionales. Sin embargo, es una experiencia común que muchas personas que se inscriben en cursos para aprender inglés abandonan al cabo de un tiempo, otros se eternizan en su aprendizaje y otros, en fin, nunca llegan a hablar el inglés con fluidez.

Estas dificultades tienen que ver en buena parte con las metodologías de enseñanza del inglés que se aplican en la mayoría de las clases, que raramente tienen en cuenta el conocimiento científico actual sobre la forma como aprendemos las personas, lo que con frecuencia acaba generando frustración y desmotivación en los alumnos al observar la lentitud y dificultad con la que progresan en su aprendizaje del idioma.

Si queremos llevar la enseñanza del inglés desde un nivel pre-científico a un nivel plenamente acorde con el conocimiento científico más actual, debemos tener en cuenta la conocimiento que existe sobre el funcionamiento del cerebro y el aprendizaje de idiomas. Sólo así será posible que los alumnos adquieran el dominio del inglés de una forma mucho rápida, segura y eficaz.

Los problemas de la mayoría de las metodologías actuales de enseñanza del inglés tienen que ver tanto con cuestiones motivacionales como con las técnicas pedagógicas aplicadas. Respecto a la motivación, comencemos admitiendo que un alumno que esté verdaderamente motivado para aprender el inglés –porque por ejemplo le hayan asignado un puesto laboral en un país anglosajón- será capaz de encontrar la forma de aprenderlo, de una u otra forma.

Pero más allá de la motivación personal de cada alumno, el método aplicado debe ser suficientemente divertido y motivador, propiciando un espacio experiencial que ayude a los alumnos a profundizar en su aprendizaje del inglés en un entorno lúdico y desinhibido, un espacio donde no sientan ansiedad ni miedo a hablar y donde puedan practicar todas las habilidades requeridas en el aprendizaje de idioma (listening, speaking, reading, writing...) en un ambiente emocional creativo y positivo y en contextos en los que la lengua resulte útil y significativa.

Respecto a las metodologías didácticas aplicadas, comencemos analizando la cuestión de la adquisición de vocabulario. Se trata de una habilidad que tiene una importancia fundamental en el aprendizaje del inglés o de cualquier idioma, ya que no es posible tener fluidez en la expresión y en la comprensión a menos que se domine un léxico suficientemente amplio.

Se requiere conocer un mínimo de seis mil palabras para hablar el inglés con cierta fluidez y esa es sin duda una tarea ingente que requiere seguir una estrategia de aprendizaje específica y adecuada que permita memorizar de forma profunda y duradera el vocabulario que se va adquiriendo, de un modo pedagógicamente eficaz.

En primer lugar se necesita dar sentido a las palabas. Intentar aprender de memoria palabras o expresiones que no entendemos, es un ejercicio absurdo y sumamente ineficaz. El cerebro sólo procesa y almacena la información que tiene significado comprensible y que pueda vincularse de alguna forma con los conocimientos previos que ya se tenían. Una metodología adecuada de enseñanza del inglés debe utilizar técnicas que ayuden al cerebro a construir significados relevantes y conexiones con la información previa almacenada en el cerebro.

En segundo lugar, se precisa conferir carga emocional a las palabras que estamos intentando aprender. Nuestro cerebro está programado para aprender sólo cuando interpreta que está ante una oportunidad o ante una amenaza, cuando experimentamos emociones positivas o emociones negativas. Por eso, una metodología adecuada de aprendizaje del inglés debe utilizar técnicas mnemotécnicas que confieran carga emocional a las palabras que queremos aprender, pues sólo así nuestro cerebro decidirá transferir la nueva información a la memoria a largo plazo, produciéndose el aprendizaje.

Y en tercer lugar se requiere repetir con inteligencia. Incluso si somos capaces de conferir significado y carga emocional a las nuevas palabras que queremos aprender, generalmente necesitaremos el concurso de la repetición para fijar esta información en la memoria a largo plazo y poder así recordarla más adelante. Sin embargo, no se trata simplemente de repetir una palabra o expresión muchas veces. Se requiere repetir con inteligencia, en la secuencia temporal adecuada, tal como nos enseña la ciencia del aprendizaje.

Otra cuestión clave en el aprendizaje del inglés es la práctica de la escucha y comprensión de los sonidos del idioma. A pesar de su importancia, muchos estudiantes de inglés consideran que escuchar y entender el lenguaje hablado es la habilidad idiomática más difícil de aprender. El lenguaje hablado no se articula de forma tan clara como el lenguaje escrito, y esta falta de claridad puede hacer que la tarea sea sumamente complicada para los estudiantes, generando estrés y ansiedad.

Sin embargo, existen una serie de técnicas que ayudan de forma efectiva a optimizar la comprensión del idioma hablado, estrategias tanto para escuchar con inteligencia, como para para optimizar la prosodia al hablar el inglés, facilitando la comprensión por parte de terceros.

Finalmente nos detendremos en la cuestión de la enseñanza de la gramática inglesa. Tradicionalmente en las clases de idiomas se enseñan primero las estructuras gramaticales y después se intenta que los alumnos las utilicen en la comunicación. Sin embargo, la aplicación de una metodología inversa para aprender la gramática inglesa resulta más en sintonía con el proceso natural de adquisición del lenguaje.

El énfasis no debe ponerse tanto en la enseñanza de las reglas de gramática –aunque las mismas puedan explicitarse siempre que resulte de utilidad- sino que los participantes han de ir progresando en su aprendizaje a medida que se les provee, en cada momento, de datos comprensibles para ellos, permitiéndoles así adquirir estructuras gramaticales que son cada vez un poco más avanzadas que las de su nivel actual. Adquirirán estas estructuras no al concentrarse en ellas, sino al entender los mensajes que contienen estas estructuras nuevas.

Una vez que los alumnos han adquirido vocabulario y estructuras gramaticales, comenzarán a sentirse cada vez más cómodos y comenzarán a utilizarlas a su gusto, adquiriendo cada vez mayor fluidez para comunicarse de forma eficaz y apropiada en inglés, aprovechando las múltiples oportunidades que se les ofrezcan para ello.

Lo importante es operar siempre en el borde de la competencia de los alumnos, de modo que nunca lleguen a sentir frustración o ansiedad ante datos lingüísticos excesivamente complejos para su nivel actual, pero al mismo tiempo se vean desafiados a tener que hacer frente a exigencias de producción que sobrepasan un poco el nivel de competencia ya alcanzado, generándose así nuevo aprendizaje.

En realidad, no se puede enseñar directamente a hablar el inglés a nadie, sino que la fluidez en el manejo de la lengua emerge, con suficiente tiempo, por sí sola. Lo hace cuando los alumnos adquirieren un gran vocabulario, a través de las técnicas adecuadas, desarrollan sus capacidades para la escucha y la expresión en lengua inglesa, y aumentan y afinan de forma natural su manejo de las estructuras gramaticales.

La clave es que el idioma primero tiene que estar en la mente del alumno, y que el trabajo con el idioma se sienta y perciba como una comunicación viva. Cuando hay verdadera comunicación, y siempre que el alumno entienda el mensaje contenido en los datos, irá alcanzando gradualmente nuevos niveles de aprendizaje, cada vez con mayor fluidez.