Samer Soufi
Sólo la ciencia nos ayuda a
entendernos a nosotros mismos
MI <STRONG>VISION</STRONG>

MI VISION


Es un hecho que la mayoría de las personas no leemos el manual de instrucciones cuando nos compramos un microondas, un teléfono, o una cámara de fotos, porque preferimos trastear un poco con estos aparatos y generalmente con eso nos llega para aprender a manejar sus principales funciones. Sin embargo, hay algunos aparatos, como nuestros propios cerebros, que resultan ser demasiado complejos para aprender a manejarlos sin leer el correspondiente manual de instrucciones. Y eso nos deja en una situación de búsqueda azarosa cuando tratamos de comprendernos a nosotros mismos o a los demás.

Cuando nos ponemos a buscar información que supla la grave deficiencia del fabricante que olvidó entregarnos dicho manual de instrucciones, nos encontramos con tal multiplicidad de informaciones contradictorias, que al cabo de un tiempo comprobamos que en lugar de habernos acercado a nuestro objetivo, estamos aún más confusos y perdidos que al principio.

¿Cómo salir del atolladero?

Podemos preguntar a nuestros padres, a nuestros amigos, a nuestros profesores, a nuestros guías espirituales, a los foros de Internet, incluso a las galletas chinas de la suerte.

O podemos recurrir a la ciencia.

Si algo hemos aprendido en la historia de la humanidad, es que sólo la ciencia nos puede ayudar a avanzar en el camino del conocimiento. Todo el conocimiento que poseemos actualmente y que tiene algún valor contrastado, ha sido adquirido y comprobado mediante el método científico.

Durante las últimas décadas, se han producido extraordinarios avances en el conocimiento de la conducta humana. En el campo de la psicología social se han realizado decenas de miles de investigaciones científicas respecto a los más variados aspectos de la conducta humana, diseccionando cada entresijo de nuestro comportamiento, y trasladándonos una fotografía de nosotros mismos que en muchos casos difiere sustancialmente de la forma en que nos imaginábamos.

La etología, que estudia las bases instintivas de la conducta de los seres vivos mediante el método de comparación del comportamiento de distintas especies entre sí, nos ha permitido hallar modelos de comportamiento automático e instintivo en los seres humanos que creíamos desterrados desde los tiempos del Paleolítico.

La psicología cognitiva, a través del estudio de los procesos mentales implicados en el comportamiento, ha desvelado algunos de los mecanismos básicos y profundos mediante los cuales aprendemos, razonamos, tomamos decisiones o generamos soluciones creativas a nuestros problemas.

La neurociencia, a través del estudio de la estructura, función y desarrollo del sistema nervioso, nos ha revelado algunos de los principales mecanismos biológicos que sustentan nuestra conducta, y ha arrojado una extraordinaria luz sobre el trasfondo neuroquímico de nuestros pensamientos, emociones y acciones. De este modo, se ha podido aclarar por qué hacemos muchas de las cosas que hacemos, indicándonos una vía extraordinariamente potente para influir sobre nuestra propia conducta –y la de los demás.

Finalmente, el campo de la psicología evolucionaria ha permitido ofrecer, quizás por primera vez en la historia, un marco de referencia general que permite explicar cómo hemos llegado a ser lo que somos, es decir, por qué hacemos lo que hacemos, por qué sentimos lo que sentimos y, de alguna forma, responde a la gran cuestión sobre el sentido de la vida –no en una acepción deliberativa, sino simplemente en una relación de causa-efecto.  

Lamentablemente, buena parte de estos valiosos conocimientos que han sido descubiertos en las últimas décadas, siguen viviendo en los manuales de los expertos y los científicos, revestidos de complejas jergas técnicas que a menudo sólo sirven para hacerlos menos accesibles al público profano. Por eso, pese a los avances, nuestro mundo sigue siendo en buena parte un mundo pre-científico, lo que demasiado a menudo genera confusión, sufrimiento e ineficacia.

Estamos aún muy lejos de tener una comprensión científica completa de nosotros mismos, y menos aún del universo, si es que alguna vez llegamos a tenerla. Pero mi visión es que sólo conociendo y aplicando los principios que la ciencia moderna nos depara acerca de nosotros mismos, podemos tener un instrumento de increíble poder para alcanzar la felicidad, la plenitud y nuestro pleno desarrollo como seres humanos.