Samer Soufi
Sólo la ciencia nos ayuda a
entendernos a nosotros mismos

Por qué las organizaciones deben cuidar físicamente el cerebro de sus empleados


Mon 08 de Jun de 2015

El capital humano representa con frecuencia el mayor gasto para las organizaciones y también su principal fuente de generación de ingresos. En este sentido, son cada vez más las organizaciones que tienen en cuenta la dimensión física y biológica de sus empleados como una parte de su estrategia integral de gestión de recursos humanos.

Las organizaciones que ponen en marcha programas de salud corporativa actúan de forma coherente con lo que señalan numerosos estudios científicos y es que el bienestar físico y emocional de los empleados es uno de los indicadores clave del desempeño y la productividad laboral.

Y es lógico que sea así, porque como ahora sabemos, las personas conforman una unidad orgánica funcional en la que todos sus sistemas, inmune, endocrino y nervioso, están estrechamente interrelacionados, compartiendo en algunos casos los mismos agentes transmisores y los mismos receptores.

En otras palabras, la vieja discusión acerca de si la salud física influye sobre las funciones mentales o si éstas influyen sobre la salud está en la actualidad completamente fuera de lugar. Existen pruebas científicas abrumadoras que demuestran la total interconexión entre los diferentes sistemas que integran el organismo humano, de modo que un desequilibrio en cualquiera de sus partes se transmite e influye de manera inmediata en las demás partes de este sistema.

Por eso, todos los elementos asociados a un estilo de vida saludable de los empleados, y en especial los hábitos relacionados con la alimentación, el ejercicio físico y el sueño, redundarán inevitablemente en su estado emocional y sus capacidades mentales, y por ende en su desempeño y productividad laboral. Veamos cada uno de estos elementos.

 

Alimentación

La elección de lo que comemos o dejamos de comer cada día puede tener consecuencias sobre la capacidad de resistencia de nuestro organismo a las enfermedades y lesiones, pero también sobre la actividad de nuestro cerebro y su nivel de funcionamiento óptimo.

Existen muchos factores que explican la relación causa-efecto entre la comida y nuestros estados anímicos y condiciones mentales, aunque muchas veces no seamos conscientes de esta relación causa-efecto.

Una de las razones fundamentales de esta vinculación radica en que el cerebro fabrica los neurotransmisores, que son los que determinan nuestras emociones y estados de ánimo, directamente a partir de los nutrientes que nos aporta nuestra alimentación diaria.

Como sabemos, las células del cerebro se comunican entre sí a través de los neurotransmisores, y los neurotransmisores se construyen con aminoácidos que contienen las proteínas de los alimentos que tomamos. Cuando la dieta es inadecuada, se pueden producir problemas para la elaboración de algunos neurotransmisores y, por lo tanto, eso puede afectar a los procesos cognitivos y a los estados anímicos.

Igualmente, determinados alimentos pueden producirnos reacciones alérgicas o afectarnos negativamente, causándonos algún grado de intoxicación, como puede suceder con los agentes químicos utilizados en los procesos de elaboración de los alimentos. Estas intoxicaciones conforman un factor de estrés que induce el incremento de la hormona cortisol, lo cual a su vez desencadena toda una serie de reacciones que acabarán teniendo su traslación al campo emocional.

También la deficiencia de ciertas enzimas, minerales o vitaminas puede afectar a nuestra salud física y a nuestra salud mental, provocando sensaciones de falta de energía, cansancio y mal humor.

Otras veces, los alimentos que tomamos contienen sustancias estimulantes que afectan al cerebro y al funcionamiento de nuestras glándulas suprarrenales, estimulando que produzcan adrenalina y noradrenalina. Sin embargo, su consumo frecuente puede producir ansiedad, irritabilidad, nerviosismo e insomnio.

También son bien conocidas las disfunciones que puede provocar en el cerebro una dieta que integre de un modo persistente comidas altas en grasa y con un elevado contenido en azúcar. Las fluctuaciones en el nivel de azúcar en la sangre, que se ven afectadas por lo que comemos, están directamente asociadas a cambios en el estado de ánimo y en la capacidad de atención y concentración.

En definitiva, nuestra alimentación afecta directamente a nuestro cerebro, y sólo una alimentación adecuada permitirá un adecuado ejercicio de las funciones cognitivas, unas capacidades apropiadas de la memoria y el aprendizaje, una buena agudeza mental y un estado emocional positivo y estable.

 

Ejercicio

Aunque son generalmente conocidos los beneficios que la actividad física produce en el organismo, no lo son tanto las ventajas que confieren al cerebro. El cerebro requiere ser físicamente cuidado. El sedentarismo disminuye la agudeza mental, no sólo debido al menor flujo sanguíneo hacia el cerebro, sino también por otras razones bioquímicas. En cambio, el ejercicio físico induce al cuerpo a producir una gama de sustancias químicas que mejoran el funcionamiento del cerebro y le predisponen a experimentar emociones positivas en vez de verse arrastrado a emociones negativas.

Las investigaciones sugieren además que el ejercicio físico no solo protege al cerebro de sufrir daños por causas como el estrés crónico o los declives cognitivos propios del avance de la edad, sino que también le ayuda a funcionar en su nivel óptimo.

Son muy numerosos los estudios que apoyan estas evidencias demostrando además que el ejercicio físico es capaz de modificar la estructura del cerebro, aumentando la densidad de las conexiones sinápticas y mejorando así las capacidades de memorización, aprendizaje, abstracción, razonamiento, juicio y otras funciones relacionadas con la inteligencia, además de conseguir una mejora muy notable en su autoestima y el bienestar.

Se han realizado algunas investigaciones para determinar los mecanismos mediante los cuales el ejercicio físico es capaz de incrementar el rendimiento de las funciones mentales superiores,  a la vez que proporciona una reducción de los niveles de tensión, ansiedad y depresión de las personas que hacen ejercicios en relación a las personas sedentarias.

En un principio se creía que estos beneficios derivaban simplemente de los efectos del ejercicio sobre la mejora de la salud física general, y también de los efectos psicológicos que el ejercicio puede producir mejorando el nivel de autoestima y confianza de las personas que lo practican al mejorar su aspecto físico. Pero en la actualidad se sabe que, aun siendo éstos aspectos importantes, el ejercicio produce una gran variedad de efectos sobre el cerebro que no se pueden explicar exclusivamente por las ventajas de mejorar el aspecto físico y la salud general del cuerpo, sino que intervienen otros mecanismos diferentes.

Uno de estos mecanismos está relacionado con el incremento que el ejercicio físico produce sobre los llamados factores de crecimiento o “factores tróficos”. Estos factores regulan el crecimiento y mantenimiento de los tejidos y órganos, incluyendo el desarrollo de las células nerviosas del cerebro. Producen en el cerebro un efecto parecido al que provocan los fertilizantes en las plantas, es decir, hacen crecer y desarrollarse las neuronas.

Significativamente, las investigaciones han demostrado que los efectos beneficiosos para el cerebro sólo se producen a partir del ejercicio voluntariamente llevado a cabo, pero no cuando es una actividad física impuesta.

Por ejemplo, las labores domésticas, como fregar suelos o hacer camas, aunque implican una actividad física notable, no parecen mejorar la salud, ni incrementan el bienestar, ni potenciar la memoria y el aprendizaje. Ni siquiera parecen ayudar a perder peso, en contraposición a la práctica deportiva lúdica. Los investigadores piensan que probablemente realizar una actividad física no deseada genera un estrés que anula los demás beneficios de la propia actividad física. No cabe duda de que mente y cuerpo están estrecha e inseparablemente conectados. Y todos podemos potenciar nuestros podemos mentales superiores practicando de forma voluntaria actividad física gratificante.

 

Sueño

La tercera parte que invertimos en dormir tiene una enorme influencia sobre la calidad de vida de las otras dos terceras partes que pasamos en vigilia. Condiciona nuestros niveles de energía, nuestros estados de ánimo, nuestra creatividad, nuestra agudeza mental, nuestra memoria, nuestra productividad laboral.

Dormir bien es uno de los métodos más efectivos para elevar nuestro nivel de vigor, energía y bienestar. En cambio, existe una amplia documentación que sugiere que la reducción de las horas dedicadas al sueño genera una variedad de problemas relacionados con las capacidades no sólo físicas, sino también intelectuales de las personas.

Se cree que estos efectos podrían estar relacionados con los problemas que la falta de sueño provoca en los procesos de generación de nuevas neuronas y conexiones sinápticas. Este proceso es fundamental para los procesos de mantenimiento y regeneración natural del cerebro y para la realización de tareas como la consolidación del aprendizaje.

Cuando aprendemos, se produce un cambio físico a nivel sináptico en las neuronas de nuestro cerebro. En un primer momento, interviene la región cerebral del hipocampo para fabricar los recuerdos. Pero después, esta información se transfiere a otras partes del cerebro para su almacenamiento definitivo a largo plazo. Esta actividad implica un traslado físico de proteínas de unas a otras partes del cerebro. De alguna forma es como si se cambiase de sitio lo aprendido para almacenarlo en una zona más segura y accesible.

Este proceso, en el cual el cerebro procesa la información diaria y almacena los recuerdos en los anaqueles de la memoria, tiene lugar fundamentalmente durante las fases de sueño REM. Los sueños, que tienen lugar durante la fase REM, constituyen el principal mecanismo que utiliza el cerebro para llevar a cabo la reordenación neuronal que tiene que ver con el aprendizaje.

También se cree que el sueño cumple una función en la eliminación de la información sobrante que no se grabará en la memoria a largo plazo y que será borrada para siempre a fin de evitar un colapso del sistema de almacenamiento cerebral.

En definitiva, durante el sueño se produce una cierta reordenación de la información que guardamos en nuestro cerebro, fortaleciéndose las asociaciones relevantes y debilitándose las asociaciones irrelevantes, mejorándose de este modo el acceso a los recuerdos.

 

No cabe duda de que la salud integral de la empresa y sus trabajadores es una condición necesaria para aumentar la productividad, el bienestar y el compromiso de todos los integrantes de la organización. Las organizaciones más eficaces toman en cuenta este hecho para centrar sus inversiones no tanto en solucionar los problemas que se derivan de la mala salud física y emocional de sus empleados, sino en prevenir estos problemas llevando a cabo programas adecuados de salud corporativa, ofreciéndoles entrenamiento y soporte para su cuidado físico y emocional, animándoles a realizar ejercicio físico y llevando a cabo iniciativas que les ayuden a mantener un buen balance nutricional y un estilo de vida saludable.