Samer Soufi
Sólo la ciencia nos ayuda a
entendernos a nosotros mismos

El misterioso caso de los logaritmos neperianos


Sat 02 de May de 2015

Suelo impartir un taller de formación para formadores internos de grandes organizaciones, que se adentra en los principios científicos del aprendizaje. Una de las dinámicas que llevamos a cabo en este taller consiste en pedir a los participantes, que son todos formadores profesionales, que intenten enseñar a sus compañeros diferentes tipos de materiales que les proporciono. Uno de estos materiales consiste en una breve texto de apenas 2 o 3 párrafos que explica qué son los logaritmos neperianos y expone algunos ejemplos.

Tras darles un tiempo para que analicen y estudien el texto, las pobres víctimas que son elegidas para realizar este ejercicio salen a la pizarra con el horror reflejado en su rostro, e intentan con sus mejores artes enseñar a sus compañeros el material que les he proporcionado. El resultado suele ser invariablemente un fiasco: nadie consigue aprender nada.

La explicación a este misterioso caso de los logaritmos neperianos es muy simple: el “profesor” no es capaz de entender de un modo profundo el concepto del logaritmo neperiano, y por tanto no es capaz tampoco de conseguir que sus compañeros lo entiendan y recuerden.

Sin embargo, todos hemos pasado por la escuela y hemos estudiado los logaritmos neperianos. Y también las derivadas, las integrales, las variables trigonométricas… Dedicamos muchas horas a lo largo de varios años a estudiar estas funciones matemáticas y practicamos resolviendo cientos de ejercicios, que en algunos casos podían llegar a alcanzar niveles de complejidad bastante elevados. Memorizamos las definiciones de estos conceptos y aprendimos los trucos necesarios para resolver estos problemas. Con esto nos llegó para aprobar el siguiente examen que teníamos a la vuelta de la esquina… e inmediatamente después nos sobrevino lo que el investigador docente Roger Schank llama “amnesia post-evaluación”.

Aunque el término “amnesia” quizás no sea el más apropiado porque, en realidad, aunque dedicásemos cientos de horas a estudiar estas materias, nunca las llegamos a aprender de verdad, porque nunca las entendimos de un modo profundo. Me temo que en muchos casos puede que ni siquiera nuestros profesores las llegasen a entender de esta forma.

Lo cierto es que nuestro cerebro construye el conocimiento y guarda la información básicamente en términos de significado y de esquemas mentales. Recordamos y rememoramos las cosas a través de esquemas, utilizándolos para codificar nuestros recuerdos. Y son los esquemas los que nos permiten aprender, relacionando los nuevos conocimientos con los conocimientos que ya teníamos.

El nuevo aprendizaje se construye siempre sobre lo previamente aprendido y experimentado, por lo que la capacidad de aprender varía de acuerdo al historial pasado de cada individuo. No podemos adquirir nuevos conocimientos a menos que seamos capaces de asociarlos o integrarlos con el conocimiento previo que ya teníamos.

Si conseguimos establecer relaciones sustantivas y no arbitrarias entre el nuevo material de aprendizaje y nuestros conocimientos previos, es decir, si lo integramos en nuestros esquemas mentales previos, entonces seremos capaces de atribuirle significado, de construir una representación o modelo mental del mismo y, en consecuencia, habremos llevado a cabo un aprendizaje significativo. Sólo entonces podremos recordarlo.

La ciencia actual nos brinda valiosas enseñanzas sobre el modo en que se produce el aprendizaje, y una de las lecciones fundamentales es que la mayor parte de lo que almacenamos en nuestra memoria se guarda en términos de significado. Mientras estas enseñanzas sigan siendo masivamente ignoradas por los sistemas educativos, el resultado será que millones de personas seguirán malgastando su tiempo y recursos utilizando metodologías de aprendizaje ineficientes. Y continuaremos asistiendo a muchos más misteriosos casos de logaritmos neperianos...