Samer Soufi
Sólo la ciencia nos ayuda a
entendernos a nosotros mismos

BLOG DE SAMER SOUFI


Mon 25 de May de 2015

Cómo impulsar la innovación en las organizaciones


Actualmente, el talento innovador es el aspecto más valioso y a menudo desaprovechado de las organizaciones. Numerosas investigaciones han demostrado además que existe una correlación estadística entre los comportamientos  innovadores de la organización y sus resultados financieros. Cuanto más alto puntúan las empresas en estos comportamientos empresariales, mejores son sus resultados financieros.

Pero la innovación no es algo exclusivamente vinculado a un departamento concreto, se trata de una actitud que debe impregnar a la cultura de toda la organización.

La cultura de empresas altamente innovadoras sugiere que el principal motor del cambio de mentalidades va asociado a la forma de dirigir y una pieza clave es la actuación de los principales responsables de la empresa. El comportamiento de los altos ejecutivos para estimular los procesos de innovación incide de forma directa en la percepción de los colaboradores de los valores y creencias que se esperan de ellos, y de esta forma conforma el grado en que la cultura es más o menos favorable a la innovación.

De modo que desarrollar la capacidad de innovar de una organización requiere un cambio de paradigma, que afecta tanto a la forma de dirigir sus líderes como a la forma de actuar de la gente. Actualmente, las empresas no requieren sólo de líderes clarividentes que puedan marcar el camino de la empresa, necesitan también líderes que articulen espacios en red y que impulsen, mediante conversaciones, la inteligencia colectiva de la organización para que todos y cada uno de los empleados sean líderes del cambio y de la innovación.

Los directivos capaces de impulsar a la organización a la obtención de los máximos resultados en un clima, estimulante e inspirador que favorece la innovación suelen tener una serie de características comunes, que pueden potenciarse y entrenarse:

  • Están dispuestos a salir de su área de confort para hacer posible la innovación.
  • Tienen una clara orientación a superar retos, que además tienen un claro sentido para los colaboradores.
  • Son capaces de aglutinar los esfuerzos de la organización alrededor de ideales que comportan una contribución social y que, a su vez, animan a la gente a aportar.
  • Comparten valores que favorecen la experimentación y el aprendizaje.
  • Muestran una voluntad clara de explorar nuevas formas de actuar, aceptando formas de pensamiento y soluciones no convencionales.
  • Aceptan un cierto grado de incertidumbre y, como consecuencia, son tolerantes al error bien intencionado.
  • Fomentan entre sus colaboradores la apertura al exterior y la habilidad de mantener una observación activa y llegar a identificar oportunidades de negocio.
  • Muestran una mente abierta y están dispuestos a buscar, de forma proactiva distintas alternativas de avance.
  • Tienen confianza en sí mismos y dan también muestras claras de confiar en el trabajo de los emprendedores internos.
  • Encaran la adversidad con coraje y valentía. Son persistentes y pueden mostrar su apoyo a una iniciativa a pesar de unos primeros resultados desalentadores.

Pero, para aprovechar la capacidad creativa y de innovación de las personas, no basta con la inteligencia de los directivos. Se necesita la inteligencia colectiva de toda la organización ya que la innovación es mucho más una “cuestión de personas” que un problema técnico o de diseño. La creatividad puede ser aprendida, practicada y desarrollada utilizando técnicas probadas y experimentadas que estimulan las capacidad creativa y ayudan las personas a salir de sus estilos habituales de interpretación de la realidad. De esta forma, las personas amplían su visión de las alternativas posibles y mejoran la productividad y calidad del trabajo.

En especial, las nuevas herramientas y la nueva cultura 2.0 están dando lugar a una nueva economía donde las organizaciones pueden activar poderosos procesos participativos de generación de conocimiento, aprovechando que la inteligencia colectiva se incrementa en la medida en que se articulen los sistemas de conexión y colaboración  adecuados.

Para llevar a cabo este propósito, se requiere lanzar iniciativas que ayuden a activar el poder transformador de la tecnología actual, liberando el potencial latente en todos los empleados. Se trata en definitiva de implementar una palanca para la innovación, adaptada al nuevo entorno, y capaz de generar lazos fuertes, conexiones numerosas y elevada densidad de tráfico, que impulsen los procesos de innovación abierta.

Sat 02 de May de 2015

El misterioso caso de los logaritmos neperianos


Suelo impartir un taller de formación para formadores internos de grandes organizaciones, que se adentra en los principios científicos del aprendizaje. Una de las dinámicas que llevamos a cabo en este taller consiste en pedir a los participantes, que son todos formadores profesionales, que intenten enseñar a sus compañeros diferentes tipos de materiales que les proporciono. Uno de estos materiales consiste en una breve texto de apenas 2 o 3 párrafos que explica qué son los logaritmos neperianos y expone algunos ejemplos.

Tras darles un tiempo para que analicen y estudien el texto, las pobres víctimas que son elegidas para realizar este ejercicio salen a la pizarra con el horror reflejado en su rostro, e intentan con sus mejores artes enseñar a sus compañeros el material que les he proporcionado. El resultado suele ser invariablemente un fiasco: nadie consigue aprender nada.

La explicación a este misterioso caso de los logaritmos neperianos es muy simple: el “profesor” no es capaz de entender de un modo profundo el concepto del logaritmo neperiano, y por tanto no es capaz tampoco de conseguir que sus compañeros lo entiendan y recuerden.

Sin embargo, todos hemos pasado por la escuela y hemos estudiado los logaritmos neperianos. Y también las derivadas, las integrales, las variables trigonométricas… Dedicamos muchas horas a lo largo de varios años a estudiar estas funciones matemáticas y practicamos resolviendo cientos de ejercicios, que en algunos casos podían llegar a alcanzar niveles de complejidad bastante elevados. Memorizamos las definiciones de estos conceptos y aprendimos los trucos necesarios para resolver estos problemas. Con esto nos llegó para aprobar el siguiente examen que teníamos a la vuelta de la esquina… e inmediatamente después nos sobrevino lo que el investigador docente Roger Schank llama “amnesia post-evaluación”.

Aunque el término “amnesia” quizás no sea el más apropiado porque, en realidad, aunque dedicásemos cientos de horas a estudiar estas materias, nunca las llegamos a aprender de verdad, porque nunca las entendimos de un modo profundo. Me temo que en muchos casos puede que ni siquiera nuestros profesores las llegasen a entender de esta forma.

Lo cierto es que nuestro cerebro construye el conocimiento y guarda la información básicamente en términos de significado y de esquemas mentales. Recordamos y rememoramos las cosas a través de esquemas, utilizándolos para codificar nuestros recuerdos. Y son los esquemas los que nos permiten aprender, relacionando los nuevos conocimientos con los conocimientos que ya teníamos.

El nuevo aprendizaje se construye siempre sobre lo previamente aprendido y experimentado, por lo que la capacidad de aprender varía de acuerdo al historial pasado de cada individuo. No podemos adquirir nuevos conocimientos a menos que seamos capaces de asociarlos o integrarlos con el conocimiento previo que ya teníamos.

Si conseguimos establecer relaciones sustantivas y no arbitrarias entre el nuevo material de aprendizaje y nuestros conocimientos previos, es decir, si lo integramos en nuestros esquemas mentales previos, entonces seremos capaces de atribuirle significado, de construir una representación o modelo mental del mismo y, en consecuencia, habremos llevado a cabo un aprendizaje significativo. Sólo entonces podremos recordarlo.

La ciencia actual nos brinda valiosas enseñanzas sobre el modo en que se produce el aprendizaje, y una de las lecciones fundamentales es que la mayor parte de lo que almacenamos en nuestra memoria se guarda en términos de significado. Mientras estas enseñanzas sigan siendo masivamente ignoradas por los sistemas educativos, el resultado será que millones de personas seguirán malgastando su tiempo y recursos utilizando metodologías de aprendizaje ineficientes. Y continuaremos asistiendo a muchos más misteriosos casos de logaritmos neperianos...